Reportaje NAPA 30: Pisco y Chincha revisitados
Reportajes Viernes, 21 Diciembre 2007A los pocos días del terremoto, visitamos Chincha y Pisco, preocupados por los niños y adolescentes de las zonas más afectadas por el terremoto. Hace unos días regresamos a ver cómo pasarán la Navidad, y los encontramos todavía esperando la ayuda que merecen.
(NAPA 13) “Yo lo ayudo a mi papá a sacar su yuca y para que venda”
Cuatro meses después, los sembríos ya no están. Pasó la cosecha, y ahora las chacras parecen un gran jardín. Fuera de eso, todo sigue tal y como lo vimos cuatro meses atrás, en nuestro viaje para ver como estaban los chicos afectados por el terremoto en el campo de Chincha.
Amanda (NAPA): ¿dónde están durmiendo ahora?
Rosita: allí.
Miguel: Mi tía lo construyo con estera para dormir.
Amanda (NAPA): ¿Y la casa?
Miguel: ‘Ta rajado, el techo y el adobe. Por eso dormimos afuera….
Miguel: acá duermen 4 mi mama y yo
Amanda NAPA: ¿y en la otra?
El resto de la familia sigue durmiendo en la casa, pero no ocupan los cuartos, se quedan casi en la entrada…
Rosita: Acá esta rajado, aquí dormimos mi papá, mi mamá, mis hermanos, todos.
Tienen miedo a las paredes, aun sin reparar…
Amanda NAPA: ¿lo parcharon?
Miguel: No, porque falta echar barro, barro pa parcharlo. Allá encima en el techo nomás lo parchamos con barro. ¿Allí ves el palo nuevecito?
Es lo único que pueden hacer, parchar su casa, que seguirá siendo insegura y se volverá a agrietar si ocurre un nuevo sismo
Miguel: por acá y por acá
Los papás y tíos de Rosi y Miguel fueron a la ciudad, a pedir ayuda al concejo municipal. Allí les dijeron que la ayuda tenía que atender primero a la ciudad destruida. Y así, desde el terremoto, ellos siguen esperando que la ayuda también llegue al campo.
Entonces fuimos a la ciudad de Chincha, a ver si es verdad que la ayuda está allí. Y encontramos una ciudad cuyas ruinas están todavía a medio demoler. Por todos lados rumas de desmonte esperan ser recogidas, los edificios principales tienen rajaduras aún sin reparar, y la reconstrucción de las casas de los más pobres aún no empieza…
Miguel Ángel (NAPA 13): yo siento que todo ha sido igual que antes, nada ha cambiado… igual nomás sigo viviendo en estera, hasta siento frío.
Miguel Ángel y Maria son los hermanos que conocimos en nuestra visita a Chincha hace 4 meses. María salía a buscar comida con su mamá, y Miguel Ángel ayudaba a su papá a reconstruir la casa.
Miguel Ángel: Mi papá comenzó a construir de vuelta el cuarto. Allí guardamos las cosas valiosas.
Amanda (NAPA): ¿Por qué, hay todavía rateros?
Miguel Ángel: Sí, paran robando. A la vecina le han robado.
María: Han venido para que nos den prefabricado, pero no nos quiere dar porque dice que ya está construido y toda la gente dice que mi papá es albañil y el va a construir todo, por eso no nos quieren dar.
Miguel Ángel: Dicen que el maestro trabaja y tiene plata pa’ que pueda levantar.
María: Mi papá no tiene ni plata para volver a construir la casa.
Miguel Ángel: Nosotros dormíamos antes acá, con mi familia y yo. Y después nos trasladamos a este lugar.
Sin la ayuda y las carpas que han recibido sus vecinos, solo han podido mejorar la choza que habían hecho, la han pegado a la parte de la casa que no se cayó.
Miguel ángel y María: Nosotros dormíamos allá adentro, allí la sala. –allí era tapado. –Y acá era sala comedor y cocina –el techo era así. –o sino acá y allí comíamos.
Entre bolsas y esteras, se sienten todavía amenazados por los nuevos temblores.
Miguel Ángel: A veces hay repeticiones de temblor
María: Me asusto porque me agarra así no mas como distraída
Miguel ángel: Yo casi no tengo miedo a los temblores, mi hermana nomás que se preocupa, que piensa que va a pasar más fuerte. Y a veces también se ponen a llorar.
Las colas que María y su mamá hacían para obtener alimentos, ropa o medicinas, ya no existen. Pero no porque la gente ya no necesite ayuda, sino porque ésta, simplemente, ha dejado de llegar.
Miguel Ángel: Antes llegaban cuando estaba el terremoto pero hace un tiempo como un mes ya no llegaba ya. Hasta que ahora que ya es navidad ya llega ya. Llega pa’ que regalen juguetes, hacen chocolatada con panteón para los niños a veces para los mas chiquitos, y pa’ los grandes ya no dan ya.
María: Pienso que no se deben ir, y deben venir todos los días que vengan. No solo por navidad, todos los días, o dejando un mes también.
Miguel Ángel y María seguirán yendo al cole hasta enero, para ellos las clases se retrazaron un mes. Tienen suerte de no perder el año, como muchos otros niños en las zonas afectadas.
A una hora, Pisco; también sigue lleno de desmonte y casas inhabitables, los encargados de la reconstrucción han contratado a los pobladores para limpiar las calles. La iglesia que se cayó funciona ahora en una carpa, y la policía atiende en la plaza, porque la comisaría tampoco es segura. La consigna es clara: hay que “demoler todo”
“Melanie, corre, te acuerdas de la señorita?”
Melanie, también conocida nuestra del viaje de hace 4 meses, vive en Pisco playa, donde el mar se llevó todo. El ministerio de Vivienda ha regalado módulos de triplay, pero la familia de Melanie no ha recibido uno, porque no tenían título de propiedad del terreno donde han vivido los últimos 50 años.
Melanie: Estamos viviendo en la pista
Ángel: Yo no quiero vivir aquí
Nerdet: Yo en mi misma casa quiero vivir
Pero, en medio de todo, estos hermanos están contentos, porque llegó una hermanita más para alegrarles esta navidad.
Ángel: Yo estoy feliz, feliz de la vida.
Felices con la bebe, sienten menos la injusticia que el terremoto ha aumentado.
Ángel y Melanie: Acá vive la señora que tiene la bebita, ella -Acá duerme la bebita… en el piso está durmiendo.
Ellos son los más pobres de su distrito, los que no han recibido una alternativa y siguen viviendo en la calle.
Melanie: Acá hace mucho calor
Ralp NAPA: ¿y en las noches?
Melanie: En las noches frío.
Ángel: ahí vive el hijo de la señora Nancy
Melanie: Creo que no está.
La recién nacida une a Melanie, Ángel y Nerdet. Ella es lo más importante, lo que mantiene su alegría… Ella, y el mar, que ya no es una amenaza ya ha vuelto a ser un lugar preferido para jugar.
Melanie: Bien porque ya no se sale el mar… ya podemos jugar.
Ganas de vivir y de estar bien. Pero ellos merecen más que esas risas junto al mar. Tienen derecho a más ayuda de la que están recibiendo, para recuperar lo perdido, pero mejor, con seguridad y orden. Tienen derecho a un hogar en el lugar donde vivieron sus abuelos.
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