Un día como ayer todos los limeños despertábamos con la certeza de que Sendero Luminoso había llegado a la capital limeña. La noche anterior la organización terrorista había hecho explotar un coche bomba en la calle Tarata en el corazón del distrito de Miraflores. El ataque ocasionó la muerte de 25 personas, 200 heridos y pérdidas materiales por encima de los tres millones de dólares.

El atentado es comparado al cruel asesinato de Maria Elena Moyano.

En memoria de las víctimas y fallecidos el 16 de julio de 1992, el alcalde del distrito miraflorino, Jorge Muñoz, realizó ayer una romería en la calle Tarata. Pese a que la presencia de Sendero era evidente en algunas zonas de la ciudad. Este hecho es recordado como uno de los más violentos al igual que el asesinato de Maria Elena Moyano en febrero del mismo año.

Las investigaciones policiales sostienen que el atentado estaba dirigido al Banco de Crédito del Perú ubicado en la avenida Larco pero al no permitirles el estacionamiento llevaron el auto a la calle contigua donde lo dejaron avanzar hasta que explotó. Ese mismo día los senderistas habían realizado pequeños ataques a comisarias y otras entidades financieras en diversas partes de Lima, acompañado de los apagones a lo que los limeños estaban acostumbrados. Esto con el fin de tener el camino libre para su cometido.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) reveló en su informe que la acción estuvo al mando del camarada Daniel, identificado como Carlos Mora La Madrid, ordenada por el su líder Abimael Guzmán, quien fue capturado tan solo dos meses después en una casa en el distrito de Surquillo, a pocos kilómetros de Tarata.

Cabe señalar que a pesar de que la mayoría de implicados en este crimen fueron capturados y condenados por el delito de Traición a la Patria. El procurador antiterrorismo Julio Galindo anunció recientemente que se encuentra a la espera de la resolución del Poder Judicial para dar apertura a un proceso judicial contra la cúpula senderista por el caso Tarata, dado que existen pruebas contundentes para una condena.